¿Por qué purificar el agua que consumimos?

Primeramente se debe aclarar el término “agua potable” y la mejor manera de definirlo es citando a la Superintendencia de Servicios Sanitarios de Chile (SISS): es el agua que al cumplir los requisitos bacteriológicos, de desinfección, físicos, químicos y radiactivos de la norma, es apta para el consumo humano. Las condiciones mínimas de calidad del agua potable son las establecidas en la norma chilena NCh 409 “Agua Potable – parte 1: Requisitos, y parte 2: Muestreo”. Ahora cabe preguntarse: ¿qué contiene el agua que consumimos?, ¿se cumple al 100% con la calidad requerida de estos parámetros?.

 

Desde el inicio, el proceso comienza con la captación del recurso (en su estado original) desde cuerpos de agua tanto superficiales como subterráneos, cuidando el impacto ambiental. En la Región Metropolitana un gran porcentaje del agua se extrae de fuentes superficiales, entre las principales se encuentran: río Maipo, río Mapocho y el estero Arrayán. Luego, se procede a la producción del agua potable apta para el consumo humano mediante dos procesos: físicos y fisicoquímicos, en el primer grupo se eliminan sólidos considerables como arenas, ramas, materia orgánica, papeles y otros; en el segundo grupo el agua se clarifica a través de la coagulación y floculación donde se tratan los sólidos en suspensión. Seguidamente se realiza la distribución del agua potable hacia los consumidores, procediendo con la recolección de las aguas servidas, su tratamiento y disposición final.

Gestión del ciclo integral del agua

 

Es de nuestro interés conocer el informe sobre la calidad del agua potable presentado por la SISS el pasado mes de septiembre de 2017, donde se evalúan los valores de los parámetros mostrados la siguiente imagen, en comparación con lo establecido por la NCh 409. Asimismo, se establecen dos grupos de parámetros: críticos y no críticos, el primero se refiere a “aquellos parámetros característicos de la fuente o del servicio, tóxicos u organolépticos, que en ausencia o falla del proceso de tratamiento superan el límite máximo especificado en NCh 409/1″.

 

De acuerdo a estos informes, en cuanto a la bacteriología, turbiedad, cloro libre residual, parámetros críticos y no críticos respecto a los meses comprendidos entre enero y septiembre de 2017, se ha cumplido en valores superiores al 97.30%. Y, así como se observan algunos índices por encima del límite, como lo es en los servicios de Tierra Amarilla, Caldera, Copiapó y Chañaral en cuanto a cloruros, sulfatos y sólidos disueltos totales, los cuales se ven reflejados en el olor, color o sabor del agua, la SISS toma como medida la instalación de plantas para el tratamiento adecuado, así como otras acciones correspondientes.

 

En este mismo sentido, al tomarse como fuente las aguas subterráneas, estas contienen una alta concentración de minerales, requiriendo plantas para realizar un tratamiento previo a su potabilización y así abatir, por ejemplo, con las elevadas concentraciones de arsénico. También se han observado algunos eventos en Santiago perjudiciales para el agua potable, como las prolongadas precipitaciones dadas en abril del 2016, que trajeron como consecuencia, además del desborde del río Mapocho y la inundación de algunas obras, la turbiedad del mismo río desde 200 UNT (Unidades de medición de turbiedad) -promedio habitual- a 79000 UNT, estando diseñadas las plantas para trabajar con turbiedad de hasta 3000 UNT. Otro factor a considerar es el imponente cambio climático, de hecho se estima que aumentará en la zona central a finales del presente siglo, ocasionando alteraciones en las precipitaciones, incrementando el riesgo de las sequías, inundaciones, tormentas y aludes.

 

Aunque se han tomado medidas y acciones para prevenir y solucionar esta situación, cada vez se incrementa más la necesidad de vivir en un entorno que brinde mayor salud y bienestar, y tratándose de la purificación del agua potable como solución ante esta problemática, uno de los mecanismos conocido es el realizado por los purificadores de agua basados en la ósmosis inversa, las cuales se encargan de mejorar la calidad y el sabor del agua, eliminando más del 90% de los sedimentos, virus, bacterias, pesticidas e impurezas. En este proceso, el agua pasa a través de un grupo de filtros y una membrana semipermeable, logrando filtrar metales pesados, exceso de sales, microorganismos, sustancias tóxicas y otros.

 

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